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BIENVENID@

7 octubre, 2008

 (Esta entrada está anclada al comienzo del blog)

En estos tiempos en que está anticuado
lo del árbol, el libro y el chaval,
se estila dejar tinta virtual,
chaise-longue en cedro y un hijo clonado.

Así nació la idea de este blog,
que di por imposible de rimar
hasta que vi que podía ayudar
a parar por un instante el reloj.

Ojalá que te sientes en mi vicio
sintiéndote en tu página de inicio,
que te levantes otr@ y sorprendid@.

Por cierto, si faltara alguna tilde,
que soy de ciencias, y mi web, humilde,
protesta, no lo dudes. ¡Bienvenid@!

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PIZARRA Y TIZA

10 septiembre, 2016

Procuraba no perderse ninguna clase. Siempre surgía algo que hacía que mereciese la pena entrar en el aula. O en la jaula, como la llaman sus colegas, a quienes jamás ha confesado cuánto disfruta cuando se encuentra entre esas cuatro paredes trapezoidales. Ese algo podía ser, por ejemplo, una explicación de la que la ajada pizarra sería testigo por enésima vez, pero a la que, por alguna razón, la elección o la mera ordenación de las palabras hacían parecer maravillosamente inédita. O podía ser una ingenua pregunta lanzada al aire, normalmente sucedida por un interminable silencio de pocos segundos, que, de nuevo, lo llevaba a admirar, rematadamente cautivado por su genialidad, un teorema, una conjetura, un corolario, una hipótesis, una ley o, quizá, un axioma. La sensación de que el tiempo transcurría a una velocidad mucho mayor para él que para el resto de personas allí presentes le provocaba una sensación extraña, comEl timbrazo lo sobresaltó. Apenas pudo terminar de escribir las dos últimas fórmulas, preciosas y cruciales, antes de que la clase se vaciase por completo en un ejercicio ruidosísimo de sincronización y disciplina casi marcial. Dejó la tiza en la caja y observó desde la tarima la perfecta y silenciosa ordenación geométrica de los pupitres vacíos, que le proporcionaba siempre una extraordinaria sensación de calma. Decidió sentarse en la silla que ocupaba minutos atrás ‘chico del tatuaje’ y contempló la enorme pizarra rectangular, cubierta de esquina a esquina por lo que parecía un galimatías indescifrable, como quien goza escudriñando cada rincón del Gernika de Picasso. Así permaneció varios minutos hasta que una voz lo sacó de su ensimismamiento.

“Gracias”.

Se dio la vuelta y vio a ‘chica callada’ en el umbral de la puerta del aula. La miró fijamente y asintió con una leve sonrisa. Al tiempo que ella se marchaba, se levantó y se dirigió de nuevo a la tarima. Borró la pizarra de manera metódica, de arriba a abajo y de izquierda a derecha, tal como le habían enseñado. Posó cuidadosamente el borrador en su bandeja y caminó hacia la puerta del aula. Apagó los fluorescentes y, antes de salir, se giró y observó las partículas de tiza que aún flotaban en el aire como un enjambre de ingrávidos insectos confinados en la cortina de luz poligonal que atravesaba sin pedir permiso los amplios ventanales de la clase. Era un polvillo casi atómico, que volaba caótica y deslavazadamente, pero que, en su origen, se estrucuraba de manera ordenadísima formando un rígido cilindro a la espera de transformarse algún día en un adverbio, un siete o una rayuela. En este caso, los fragmentos infinitesimales de tiza habían llevado a cabo una reorganización efímera para plasmar en la pizarra, ahora inmaculadamente negra, los fundamentos de la compensación de energía reactiva en circuitos trifásicos equilibrados. Sonrió de nuevo.

“No hay de qué”.

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MARY LOU

6 febrero, 2014

No sé si sabes que la conocí
la noche que curré en el Ambigú:
– Perdona, ¿vienes mucho por aquí?
– Hello, you dumb; how do you fuckin’ do?

Entonces era hippie, veintitrés
y no sabía de español ni mu.
Por suerte, soy un as con el inglés
y me lucí llevándola al hindú.

Pensé que no podría hacerme daño
con esa pinta suya de gurú;
resulta que lo era… del engaño:
llamaba acupuntura a su vudú.

De pronto convirtió, la muy arpía,
mis camisitas en su canesú;
después fue mi tarjeta, ¡qué sangría
la conferencia al mes con Malibú!

En sus catarros, que no fueron pocos
por ser tan gélida como Moscú,
tenía que sonarle yo los mocos
con cartas de su ex, un tal Mambrú.

Por cierto, muchas gracias por el hombro.
Permite que te pague el McMenú.
En casa de mis padres ni la nombro,
que luego muge el pito del Tabú.

Jamás la conmovió mi yo romántico;
si la mimaba con un ‘ailofyú’,
gruñía con acento transatlántico:
– Well, me… ni fu ni fa, ni fa ni fu.

Un día que la quise provocar
tapándole los ojos y ¡cucú!,
soltó mi nombre en décimo lugar.
Maldigo mi inocencia a lo Malú.

Acostumbraba cada sabadete
dejarme con las ganas, tururú;
las mismas que mostró con un jinete
montándole el montaje en Interviú.

De ser un animal y no persona,
sería la que empieza por Zulú;
también le pegaría ser leona
y a mí, por múltiples motivos, ñu.

Lo nuestro no fue solo desencuentro;
fue como construir un gran iglú
sin guantes ni salida, desde dentro,
con ella al sol tomándose el vermú.

Hoy hace siete meses más un día,
mi baño se quedó sin su champú.
Es triste que me duela todavía…
¿me pasas, por favor, papel tisú?

Volátil y explosiva por igual,
por algo la llamaban la grisú;
le mete tanta caña al personal,
que todos la llamamos la bambú;
y lima que te lima la moral,
por algo la llamaban el Perú;
de boca a boca va tan liberal,
que todos la llamamos el ambú;
metiéndome en cintura fue letal,
por algo la llamaban la tutú;
sufrirla llega a ser tan infernal,
que todos la llamamos Belcebú.
Camina con cuidado, Luis Pascual,
que puede que el siguiente seas tú.

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AZOGUE

6 marzo, 2013

En plena Biblioteca Jovellanos,
pasillo Magia negra y ocultismo,
está Violeta (siempre con lo mismo)
absorta con un libro entre las manos.

En la contraportada lleva impreso
VOLUMEN RETIRADO DE LAS TIENDAS;
se llama “De la muerte y sus leyendas”,
capítulo Presencie su deceso.

‘A medianoche prendan una vela.
Colóquense delante del espejo.
En vez de devolverles su reflejo,
la escena de su muerte les desvela’.

Un joven aparece en un bosquejo
siguiendo las macabras instrucciones;
la vista le estremece las facciones:
es él en una cama, pero viejo.

A punto de llegar a PRECAUCIÓN,
un timbre la rescata del hechizo.
¿Las nueve ya? Qué tarde se me hizo…
será mejor que vuelva a mi mansión.

Camino del pisito de Contrueces,
ve cientos de relojes digitales;
en charcos, autobuses o cristales
comprueba su perfil miles de veces.

Desde que en casa falta su marido,
la pobre se volvió muy aprensiva;
por mucho que cocina pensativa,
ya sabe que lo tiene decidido.

Al filo de las doce menos cuarto,
Violeta apaga todas las bombillas
y gasta con la vela seis cerillas
porque se encuentra al borde del infarto.

En el salón hay un reloj añejo
que empieza a dar las doce campanadas;
parecen resonar distorsionadas
mientras se pone enfrente del espejo.

Tal cual, consigo misma se confronta.
Al tiempo que el octavo gong repica,
con voz avergonzada se dedica
sus últimas palabras: Soy tan tonta…

El golpe con la Magnum es letal.
No siente ya Violeta al homicida
pedir disculpas por segar su vida:
Algunos de mis robos salen mal.

Su viva imagen mira el vil ladrón
cuando repara en el olor a gas;
a falta de una campanada más,
la vela causa la detonación

que lo liquida sin contemplación.

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FIN DEL MUNDO

21 diciembre, 2012

Contempló
las aceras tapizadas con cuerpos inertes de palomas, perros, gorriones,
gente,
lo que inequívocamente era un albatros,
los vehículos detenidos en mi-
tad de la calzada,
los restos humeantes de un
hidroavión. Saltó.
A
la
altura
del
cuarto
piso

su

iPhone

comenzó
a
vibrar.

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PENSÁNDOTE PROSIGO

28 enero, 2011

(Diccionarios de rimas, os bendigo).

En pos de tu sonrisa y mi respigo
ya nunca te persigo ni atosigo,
ni parece, porque no lo consigo,
que me desmigo… que me desperdigo…

ni me paso la noche en tu postigo
charlando sobre ti con un mendigo
tan buen conocedor del desabrigo
que pregunta por qué no lo mitigo,

ni con ésos de Hollywood litigo
por tantos viernes noche de castigo,
cuando viendo ‘Los puentes’ me fustigo
con Madison, mi gato, de testigo,

ni, crédulo, con Axe me fumigo
rogando que te cruces hoy conmigo,
ni temo traicionarte como Figo
si sí que me lo irrigo y, luego, ligo,

ni grito que, con tal de estar contigo,
me ortigo, desnarigo y emboñigo,
ni me quito, si tiemblas, el abrigo,
ni a borrarte me obligo ni me instigo,

ni siquiera soy el archienemigo
de cualquiera que quiera ser tu amigo,
ni investigo quién es, ni me fatigo
siguiéndolo y negando que te sigo,

ni saturo de perdices el ‘frigo’,
ni oposito, doña cual, a Rodrigo,
ni opino que custodias el ombligo
del mundo, ni por él me desbarrigo.

Dos tristísimos tigres comen trigo
del trigal donde ya no me prodigo,
pero, si voy, feliz me repanchigo
con lápiz y papel y los hostigo

leyéndoles versos de desobligo.
Mujer, haz lo que te salga del higo
con éstos, salvo creer cuanto digo,
porque, ya ves… pensándote prosigo.

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OLVIDARTE

11 mayo, 2010

Dime que es falso que ya nunca escribes…

Olvidarte es tratar de levantar
un castillo de cartas por mandar
en pleno foco de los terremotos
que causan tus traspapeladas fotos.

Olvidarte es luchar por agarrar
un sorbo de champán sin descorchar
que hiela nuestro frágil escondite
y al sol de San Lorenzo se derrite.

Olvidarte es tener que retomar
la cuenta de la arena que el azar
invierte dentro del reloj que vierte
los minutos que llevaba sin verte.

Olvidarte es cuestión de recorrer
la senda de Moebius hacia ayer
y entender a centímetros de meta
que eres como andar en bicicleta.

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PELDAÑO A PELDAÑO

14 enero, 2010

Después de diecisiete bocados de
un              correoso              filete
lanzando furtivas miradas al sesentón apoderado
de la barra de este
café-restaurante, me pregunto:
¿Estoy ante la encarnación de aquello

en lo que el destino

y el tiempo

y lo demás

me convertirán en treinta años?
El homínido ha despilfarrado una parte considerable de su sueldo
(presumo)
en la máquina tragaperras del fondo
del local, apoya
sus codos en el mostrador para ayudarse a

sostener el peso de su prominente BaRRiGa y

bambolea – hábilmente – un palillo de dientes

de una

a otra

comisura

de la boca.

No puedo evitar reparar en el
leve
rictus de aprensión que tiñe su rostro desde
que comenzó a observar al no-na-ge-na-rio cliente que se esfuerza
ti-
tá-
ni-
ca-
men-
te en descender, peldaño a peldaño, la escalera de salida del
establecimiento.

En la mesa contigua, un bebé me contempla fijamente desde su silla.