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BIENVENID@

7 octubre, 2008

 (Esta entrada está anclada al comienzo del blog)

En estos tiempos en que está anticuado
lo del árbol, el libro y el chaval,
se estila dejar tinta virtual,
chaise-longue en cedro y un hijo clonado.

Así nació la idea de este blog,
que di por imposible de rimar
hasta que vi que podía ayudar
a parar por un instante el reloj.

Ojalá que te sientes en mi vicio
sintiéndote en tu página de inicio,
que te levantes otr@ y sorprendid@.

Por cierto, si faltara alguna tilde,
que soy de ciencias, y mi web, humilde,
protesta, no lo dudes. ¡Bienvenid@!

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MARY LOU

6 febrero, 2014

No sé si sabes que la conocí
la noche que curré en el Ambigú:
– Perdona, ¿vienes mucho por aquí?
– Hello, you dumb; how do you fuckin’ do?

Entonces era hippie, veintitrés
y no sabía de español ni mu.
Por suerte, soy un as con el inglés
y me lucí llevándola al hindú.

Pensé que no podría hacerme daño
con esa pinta suya de gurú;
resulta que lo era… del engaño:
llamaba acupuntura a su vudú.

De pronto convirtió, la muy arpía,
mis camisitas en su canesú;
después fue mi tarjeta, ¡qué sangría
la conferencia al mes con Malibú!

En sus catarros, que no fueron pocos
por ser tan gélida como Moscú,
tenía que sonarle yo los mocos
con cartas de su ex, un tal Mambrú.

Por cierto, muchas gracias por el hombro.
Permite que te pague el McMenú.
En casa de mis padres ni la nombro,
que luego muge el pito del Tabú.

Jamás la conmovió mi yo romántico;
si la mimaba con un ‘ailofyú’,
gruñía con acento transatlántico:
– Well, me… ni fu ni fa, ni fa ni fu.

Un día que la quise provocar
tapándole los ojos y ¡cucú!,
soltó mi nombre en décimo lugar.
Maldigo mi inocencia a lo Malú.

Acostumbraba cada sabadete
dejarme con las ganas, tururú;
las mismas que mostró con un jinete
montándole el montaje en Interviú.

De ser un animal y no persona,
sería la que empieza por Zulú;
también le pegaría ser leona
y a mí, por múltiples motivos, ñu.

Lo nuestro no fue solo desencuentro;
fue como construir un gran iglú
sin guantes ni salida, desde dentro,
con ella al sol tomándose el vermú.

Hoy hace siete meses más un día,
mi baño se quedó sin su champú.
Es triste que me duela todavía…
¿me pasas, por favor, papel tisú?

Volátil y explosiva por igual,
por algo la llamaban la grisú;
le mete tanta caña al personal,
que todos la llamamos la bambú;
y lima que te lima la moral,
por algo la llamaban el Perú;
de boca a boca va tan liberal,
que todos la llamamos el ambú;
metiéndome en cintura fue letal,
por algo la llamaban la tutú;
sufrirla llega a ser tan infernal,
que todos la llamamos Belcebú.
Camina con cuidado, Luis Pascual,
que puede que el siguiente seas tú.

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AZOGUE

6 marzo, 2013

En plena Biblioteca Jovellanos,
pasillo Magia negra y ocultismo,
está Violeta (siempre con lo mismo)
absorta con un libro entre las manos.

En la contraportada lleva impreso
VOLUMEN RETIRADO DE LAS TIENDAS;
se llama “De la muerte y sus leyendas”,
capítulo Presencie su deceso.

‘A medianoche prendan una vela.
Colóquense delante del espejo.
En vez de devolverles su reflejo,
la escena de su muerte les desvela’.

Un joven aparece en un bosquejo
siguiendo las macabras instrucciones;
la vista le estremece las facciones:
es él en una cama, pero viejo.

A punto de llegar a PRECAUCIÓN,
un timbre la rescata del hechizo.
¿Las nueve ya? Qué tarde se me hizo…
será mejor que vuelva a mi mansión.

Camino del pisito de Contrueces,
ve cientos de relojes digitales;
en charcos, autobuses o cristales
comprueba su perfil miles de veces.

Desde que en casa falta su marido,
la pobre se volvió muy aprensiva;
por mucho que cocina pensativa,
ya sabe que lo tiene decidido.

Al filo de las doce menos cuarto,
Violeta apaga todas las bombillas
y gasta con la vela seis cerillas
porque se encuentra al borde del infarto.

En el salón hay un reloj añejo
que empieza a dar las doce campanadas;
parecen resonar distorsionadas
mientras se pone enfrente del espejo.

Tal cual, consigo misma se confronta.
Al tiempo que el octavo gong repica,
con voz avergonzada se dedica
sus últimas palabras: Soy tan tonta…

El golpe con la Magnum es letal.
No siente ya Violeta al homicida
pedir disculpas por segar su vida:
Algunos de mis robos salen mal.

Su viva imagen mira el vil ladrón
cuando repara en el olor a gas;
a falta de una campanada más,
la vela causa la detonación

que lo liquida sin contemplación.

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FIN DEL MUNDO

21 diciembre, 2012

Contempló
las aceras tapizadas con cuerpos inertes de palomas, perros, gorriones,
gente,
lo que inequívocamente era un albatros,
los vehículos detenidos en mi-
tad de la calzada,
los restos humeantes de un
hidroavión. Saltó.
A
la
altura
del
cuarto
piso

su

iPhone

comenzó
a
vibrar.

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PENSÁNDOTE PROSIGO

28 enero, 2011

(Diccionarios de rimas, os bendigo).

En pos de tu sonrisa y mi respigo
ya nunca te persigo ni atosigo,
ni parece, porque no lo consigo,
que me desmigo… que me desperdigo…

ni me paso la noche en tu postigo
charlando sobre ti con un mendigo
tan buen conocedor del desabrigo
que pregunta por qué no lo mitigo,

ni con ésos de Hollywood litigo
por tantos viernes noche de castigo,
cuando viendo ‘Los puentes’ me fustigo
con Madison, mi gato, de testigo,

ni, crédulo, con Axe me fumigo
rogando que te cruces hoy conmigo,
ni temo traicionarte como Figo
si sí que me lo irrigo y, luego, ligo,

ni grito que, con tal de estar contigo,
me ortigo, desnarigo y emboñigo,
ni me quito, si tiemblas, el abrigo,
ni a borrarte me obligo ni me instigo,

ni siquiera soy el archienemigo
de cualquiera que quiera ser tu amigo,
ni investigo quién es, ni me fatigo
siguiéndolo y negando que te sigo,

ni saturo de perdices el ‘frigo’,
ni oposito, doña cual, a Rodrigo,
ni opino que custodias el ombligo
del mundo, ni por él me desbarrigo.

Dos tristísimos tigres comen trigo
del trigal donde ya no me prodigo,
pero, si voy, feliz me repanchigo
con lápiz y papel y los hostigo

leyéndoles versos de desobligo.
Mujer, haz lo que te salga del higo
con éstos, salvo creer cuanto digo,
porque, ya ves… pensándote prosigo.

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OLVIDARTE

11 mayo, 2010

Dime que es falso que ya nunca escribes…

Olvidarte es tratar de levantar
un castillo de cartas por mandar
en pleno foco de los terremotos
que causan tus traspapeladas fotos.

Olvidarte es luchar por agarrar
un sorbo de champán sin descorchar
que hiela nuestro frágil escondite
y al sol de San Lorenzo se derrite.

Olvidarte es tener que retomar
la cuenta de la arena que el azar
invierte dentro del reloj que vierte
los minutos que llevaba sin verte.

Olvidarte es cuestión de recorrer
la senda de Moebius hacia ayer
y entender a centímetros de meta
que eres como andar en bicicleta.

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PELDAÑO A PELDAÑO

14 enero, 2010

Después de diecisiete bocados de
un              correoso              filete
lanzando furtivas miradas al sesentón apoderado
de la barra de este
café-restaurante, me pregunto:
¿Estoy ante la encarnación de aquello

en lo que el destino

y el tiempo

y lo demás

me convertirán en treinta años?
El homínido ha despilfarrado una parte considerable de su sueldo
(presumo)
en la máquina tragaperras del fondo
del local, apoya
sus codos en el mostrador para ayudarse a

sostener el peso de su prominente BaRRiGa y

bambolea – hábilmente – un palillo de dientes

de una

a otra

comisura

de la boca.

No puedo evitar reparar en el
leve
rictus de aprensión que tiñe su rostro desde
que comenzó a observar al no-na-ge-na-rio cliente que se esfuerza
ti-
tá-
ni-
ca-
men-
te en descender, peldaño a peldaño, la escalera de salida del
establecimiento.

En la mesa contigua, un bebé me contempla fijamente desde su silla.

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LA CAJA NEGRA

5 noviembre, 2009

Las primeras fichas del efecto dominó
se recordaron que no todo se desintegra,
que su mismo corazón era la caja negra
que revelaría lo que nunca sucedió.

Acorralados por su propia felicidad,
debían aprovecharse de la gravedad,
dar un doble salto mortal, de necesidad,
desde el más escarpado cerro de la ciudad.

Terminaba, por fin, la cuenta de tres el eco
cuando dos de los pies se detuvieron en seco…
tan sólo los vio separarse el acantilado
a nueve con ocho metros/segundo-cuadrado.

Ya no sale en la prensa su finta al albedrío,
pero, cada noche, lanza al mar una botella,
con mensaje, donde el frenazo le dejó huella:
¿¡Por qué no me salvaste de caer al vacío!?

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