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EL COLECCIONISTA DE ESQUELAS

9 diciembre, 2008

Sentado en la mesa de la cocina, volvía una a una las páginas del ajado álbum, Andrés, Marta, Pedro, acariciándolas cuidadosamente y disfrutando del aroma especial que desprenden los periódicos viejos, Benjamín, Clemente, Claudia. Su expresión denotaba el mismo orgullo que experimenta un niño que logra completar su colección de cromos, Elías, Lázaro, Rebeca; un orgullo que, en su caso, crecía a medida que pasaba las hojas plagadas de esquelas, cada vez más difíciles de conseguir, Baltasar, Abigail, Joana,  y cada vez menos amarillentas, Safira, Imna, Galión. En unas ocasiones, se detenía en aquéllas cuya obtención por medios naturales, Anás, Herodes, Longinos, seguía sorprendiéndole tanto como cuando las leyó por vez primera, Gestas, Caifás, Malco, y, en otras, se recreaba divertido con aquéllas por las que sus ansias de terminar la colección no le habían permitido esperar, Absalón, Lida, Publio, y cuyos bordes había resaltado siniestramente con un rotulador rojo, Dalila, Esmirna, Crescente. Sintió un estremecimiento de placer al llegar al final de su pequeño tesoro y pensar en el tiempo que le había dedicado, en los viajes que había implicado, en el dinero que había invertido, en los sacrificios que había tenido que hacer. Con un tacto extremo, se dispuso a recortar mecánicamente las últimas piezas de su obra, las imposibles, como a él le gustaba llamarlas, mientras sonreía recordando lo sencillo que había sido convencer a su convenientemente escogida esposa de ayudarlo, ignorante, con el paso más complicado de su elaboradísimo plan, y la polémica que todo aquello había generado en el barrio. Bendijo las estufas y el monóxido de carbono y pegó las esquelas de sus tres hijos, Judas, Caín y Barrabás, en los huecos que había reservado para ellos, al tiempo que se le dibujaba una macabra mueca de satisfacción en el rostro. Inmediatamente después, escribió con su caligrafía infantil ‘Los Nombres de la Biblia’ en la portada del álbum y lo apartó a un lado, dejándolo abierto de manera que mostrase el único espacio que quedaba disponible. Antes de apretar el gatillo, tuvo tiempo de preguntarse, por enésima vez y, de nuevo, sin encontrar respuesta, por qué diablos sus padres habían decidido llamarlo Lucifer.

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8 comentarios

  1. Huy….me encanta!!!!!!! Me lo voy a guardar, con permiso.
    un besin


  2. Gracias por el comentario, un saludo.


  3. uffffffffffffff, este es muy grande


  4. Gracias, trivijuan; lo morboso siempre triunfa. Y recuerda, Ángela: hay que darle al público lo que quiere ver. Como sabréis, ayer murió Figueroa.


  5. son las fotos mas vellas y hermosas que halla visto en mi vida te felicito.


  6. Gracias, Miryam; ¡creo que exageras un poco! ¡Un saludo!


  7. ¿¿Inspirado por alguien que coleccionaba esquelas de profesionales de un determinado sector???
    Me ha gustado mucho. Pero no sé todavía si es más divertido que macabro o más macabro que divertido.


  8. Qué va… éste se me ocurrió hace mucho tiempo, creo que al ver una esquela curiosa; se7en debía de estar reciente. Y como casi todos los relatos estos, nació con la idea de ser un cortometraje, que, también como todos, se frustró. Y sí diría macabro, pero divertido noooo. Gracias por los comentarios, Orfeo; me alegro de que te haya gustado. Me está apeteciendo escribir más.



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