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LA CAJA NEGRA

5 noviembre, 2009

Las primeras fichas del efecto dominó
se recordaron que no todo se desintegra,
que su mismo corazón era la caja negra
que revelaría lo que nunca sucedió.

Acorralados por su propia felicidad,
debían aprovecharse de la gravedad,
dar un doble salto mortal de necesidad
desde el más escarpado cerro de la ciudad.

Terminaba, por fin, la cuenta de tres el eco
cuando dos de los pies se detuvieron en seco…
tan sólo los vio separarse el acantilado
a nueve con ocho metros/segundo-cuadrado.

Los equipos de rescate peinaron las calas,
pero J. M. S. nunca apareció.
Un solo mantra arrancaron a C. L. O.:
“Perdóname por no creerme lo de tus alas”.

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