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CINCO AÑOS

31 marzo, 2017

Solo le quedaba un cigarrillo. Lo apresó entre nariz y morros, y la miró. Ella rio al ver su improvisado bigote. Aunque a él le faltaban años para registrar la palabra dilema en su vocabulario, se encontraba ante uno bastante incómodo: sabía que ya no resultaba tan sencillo encontrar esos canutos maravillosos. Tras unos segundos vacilando, marcó milimétricamente la mitad del pitillo, lo partió y le entregó un trozo. Ella lo tiró, lo pisó y rio de nuevo. Él juró, inocente, que compartir aquel cigarro de chocolate iba a ser la primera y última estupidez que cometería por una mujer.

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