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FEBRÍCULA

10 julio, 2017

De nuevo, al albor de la canícula,
la Tierra se sitúa donde estaba
cuando tiró de mi primera baba.
Lucía ayer sin bichos mi matrícula

y, hoy, con treinta y siete de febrícula,
empieza a arder mi frente como lava
y a verse lo que no se divisaba,
o sea, la mitad de la película.

La noche en que mi última molécula
se haya reciclado para sécula
y nadie que conozca siga vivo,

sabré que el rato mereció la pena
si trota aún mi sangre en una vena
y algún androide lee lo que escribo.

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