Archive for the ‘Poesía’ Category

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LA NANA DE LAS MIL DE LA MAÑANA

8 septiembre, 2017

A ti, que pierdes contra la almohada
debates que te mojan la mirada,
te canto, si me abres la ventana,
la nana de las mil de la mañana.

No temas, ese monstruo que se esconde
de día sin que nadie sepa dónde
y tan aterrador de madrugada
es una sombra tuya y aterrada.

En un colchón sin vistas a la playa
hay un silencio negro que no calla;
por eso traigo siete caracolas
con sendos mares bravos y sus olas.

Las noches de mirar sin ver el techo,
si sientes que se te comprime el pecho
y mucho más calor que con la manta,
será por un abrazo de quien canta.

Y, piel con piel, si notas taquicardia
será por este corazón de guardia
que llena los larguísimos vacíos
que van tras tus latidos con los míos.

Ahora solo falta por mi parte
besarte la mejilla y arroparte.
Me quedo sin hacer apenas ruido.
Descansa, duerme bien, que yo te cuido.

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FEBRÍCULA

10 julio, 2017

De nuevo, al albor de la canícula,
la Tierra se sitúa donde estaba
cuando tiró de mi primera baba.
Lucía ayer sin bichos mi matrícula

y, hoy, con treinta y siete de febrícula,
empieza a arder mi frente como lava
y a verse lo que no se divisaba,
o sea, la mitad de la película.

La noche en que mi última molécula
se haya reciclado para sécula
y nadie que conozca siga vivo,

sabré que el rato mereció la pena
si trota aún mi sangre en una vena
y algún androide lee lo que escribo.

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ODA AL CACHOPO

26 febrero, 2017

¡Collacios! ¡Compañeros de desmadres!
¡Colegas, confidentes, camaradas!
¡Colegas, cuates, cómplices, compadres!
¡Cofrades de las carnes rebozadas!

¡Es hora de cumplir con nuestro rito!
¡Del “desabróchense los cinturones”!
Aquellos que vengáis sin apetito,
¡poned a San Jacobo dos velones!

¡Apunta la comanda, camarero!
¡Adiós al Danacol y las penurias!
¡Lo verde, que lo rumien los veganos!

¡Aquí pon un cachopo DIN A0!
¡Por ellas, por nosotros, por Asturias!
¡Hoy vamos a comer como paisanos!

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IMPACIENTE

23 enero, 2017

El otro mes contraje la viruela,
que, por lo visto, han erradicado,
un virus del PC de mi cuñado
y, por segunda vez, la varicela.

Con quince, dermatitis del pañal,
el dengue, que me contagió Manolo,

un herpes por gozar del sexo… solo
y un importante esguince cerebral.

No me lo cogen ya los de la Mayo
desde que fui con depresión posparto,
con una peste equina de caballo

y con picor intenso de sobacos,
que, dice Google, da por un infarto.

Así vivimos los hipocondriacos.

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MARY LOU

6 febrero, 2014

No sé si sabes que la conocí
la noche que curré en el Ambigú:
– Perdona, ¿vienes mucho por aquí?
– Hello, you dumb; how do you fuckin’ do?

Entonces era hippie, veintitrés
y no sabía de español ni mu.
Por suerte, soy un as con el inglés
y me lucí llevándola al hindú.

Pensé que no podría hacerme daño
con esa pinta suya de gurú;
resulta que lo era… del engaño:
llamaba acupuntura a su vudú.

De pronto convirtió, la muy arpía,
mis camisitas en su canesú;
después fue mi tarjeta, ¡qué sangría
la conferencia al mes con Malibú!

En sus catarros, que no fueron pocos
por ser tan gélida como Moscú,
tenía que sonarle yo los mocos
con cartas de su ex, un tal Mambrú.

Por cierto, muchas gracias por el hombro.
Permite que te pague el McMenú.
En casa de mis padres ni la nombro,
que luego muge el pito del Tabú.

Jamás la conmovió mi yo romántico;
si la mimaba con un ‘ailofyú’,
gruñía con acento transatlántico:
– Well, me… ni fu ni fa, ni fa ni fu.

Un día que la quise provocar
tapándole los ojos y ¡cucú!,
soltó mi nombre en décimo lugar.
Maldigo mi inocencia a lo Malú.

Acostumbraba cada sabadete
dejarme con las ganas, tururú;
las mismas que mostró con un jinete
montándole el montaje en Interviú.

De ser un animal y no persona,
sería la que empieza por Zulú;
también le pegaría ser leona
y a mí, por múltiples motivos, ñu.

Lo nuestro no fue solo desencuentro;
fue como construir un gran iglú
sin guantes ni salida, desde dentro,
con ella al sol tomándose el vermú.

Hoy hace siete meses más un día,
mi baño se quedó sin su champú.
Es triste que me duela todavía…
¿me pasas, por favor, papel tisú?

Volátil y explosiva por igual,
por algo la llamaban la grisú;
le mete tanta caña al personal,
que todos la llamamos la bambú;
y lima que te lima la moral,
por algo la llamaban el Perú;
de boca a boca va tan liberal,
que todos la llamamos el ambú;
metiéndome en cintura fue letal,
por algo la llamaban la tutú;
sufrirla llega a ser tan infernal,
que todos la llamamos Belcebú.
Camina con cuidado, Luis Pascual,
que puede que el siguiente seas tú.

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AZOGUE

6 marzo, 2013

En plena Biblioteca Jovellanos,
pasillo Magia negra y ocultismo,
está Violeta (siempre con lo mismo)
absorta con un libro entre las manos.

En la contraportada lleva impreso
VOLUMEN RETIRADO DE LAS TIENDAS;
se llama “De la muerte y sus leyendas”,
capítulo Presencie su deceso.

‘A medianoche prendan una vela.
Colóquense delante del espejo.
En vez de devolverles su reflejo,
la escena de su muerte les desvela’.

Un joven aparece en un bosquejo
siguiendo las macabras instrucciones;
la vista le estremece las facciones:
es él en una cama, pero viejo.

A punto de llegar a PRECAUCIÓN,
un timbre la rescata del hechizo.
¿Las nueve ya? Qué tarde se me hizo…
será mejor que vuelva a mi mansión.

Camino del pisito de Contrueces,
ve cientos de relojes digitales;
en charcos, autobuses o cristales
comprueba su perfil miles de veces.

Desde que en casa falta su marido,
la pobre se volvió muy aprensiva;
por mucho que cocina pensativa,
ya sabe que lo tiene decidido.

Al filo de las doce menos cuarto,
Violeta apaga todas las bombillas
y gasta con la vela seis cerillas
porque se encuentra al borde del infarto.

En el salón hay un reloj añejo
que empieza a dar las doce campanadas;
parecen resonar distorsionadas
mientras se pone enfrente del espejo.

Tal cual, consigo misma se confronta.
Al tiempo que el octavo gong repica,
con voz avergonzada se dedica
sus últimas palabras: Soy tan tonta…

El golpe con la Magnum es letal.
No siente ya Violeta al homicida
pedir disculpas por segar su vida:
Algunos de mis robos salen mal.

Su viva imagen mira el vil ladrón
cuando repara en el olor a gas;
a falta de una campanada más,
la vela causa la detonación

que lo liquida sin contemplación.

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PENSÁNDOTE PROSIGO

28 enero, 2011

(Diccionarios de rimas, os bendigo).

En pos de tu sonrisa y mi respigo
ya nunca te persigo ni atosigo,
ni parece, porque no lo consigo,
que me desmigo… que me desperdigo…

ni me paso la noche en tu postigo
charlando sobre ti con un mendigo
tan buen conocedor del desabrigo
que pregunta por qué no lo mitigo,

ni con ésos de Hollywood litigo
por tantos viernes noche de castigo,
cuando viendo ‘Los puentes’ me fustigo
con Madison, mi gato, de testigo,

ni, crédulo, con Axe me fumigo
rogando que te cruces hoy conmigo,
ni temo traicionarte como Figo
si sí que me lo irrigo y, luego, ligo,

ni grito que, con tal de estar contigo,
me ortigo, desnarigo y emboñigo,
ni me quito, si tiemblas, el abrigo,
ni a borrarte me obligo ni me instigo,

ni siquiera soy el archienemigo
de cualquiera que quiera ser tu amigo,
ni investigo quién es, ni me fatigo
siguiéndolo y negando que te sigo,

ni saturo de perdices el ‘frigo’,
ni oposito, doña cual, a Rodrigo,
ni opino que custodias el ombligo
del mundo, ni por él me desbarrigo.

Dos tristísimos tigres comen trigo
del trigal donde ya no me prodigo,
pero, si voy, feliz me repanchigo
con lápiz y papel y los hostigo

leyéndoles versos de desobligo.
Mujer, haz lo que te salga del higo
con éstos, salvo creer cuanto digo,
porque, ya ves… pensándote prosigo.